No me hagas trampas. Háblame de lo que me interesa

— Uy, me he metido por error en este banner que me ha saltado de repente en la pantalla y ha activado el volumen solo. Pero, ya que estoy, voy a quedarme a ver qué me cuenta la marca —dijo… nadie.

Seguro que a ti te también te ha pasado. Estás navegando por internet y, al bajar la página, un banner se te cuela de manera “tramposa” y hace que cliques en él sin querer. Sin motivo aparente, un audio empieza a reproducirse en algún lugar de la página, que te costará horrores descubrir; y para rematar, no hay ser humano capaz de encontrar la manera de cerrar ese banner o spot que nos está molestando. ¿Dónde estará esa maldita X?

Mi pregunta (para todo el sector en general) es: ¿de verdad seguimos jugando a este juego?

El usuario comprende y acepta la necesidad de la publicidad para poder seguir disfrutando de ciertos contenidos de manera gratuita, siempre y cuando se haga de la forma menos invasiva posible. Ése es el trato.

Pero, ante este panorama, con situaciones cotidianas tan habituales y tan molestas como las del principio de este post, las marcas “invasivas” se encuentran con nuevos actores: los bloqueadores de anuncios. Según datos de 2016, la cifra de usuarios activos ad blockers alcanzó la nada desdeñable cifra de 200 millones.

Y no podemos echarles la culpa a ellos. Si como marca nos dedicamos a darles la brasa de las formas más irritantes en sesión continua, es normal que no quieran saber nada de nosotros ni de nuestros productos por muy buenos, interesantes o necesarios que sean.  No todo vale. Hoy, ya no.

¿Qué alternativas tengo?

Por suerte, la era internet ofrece todo un mundo de posibilidades a las marcas y a todos los que nos dedicamos a la comunicación. La segmentación, la interacción, los múltiples canales, etc. ponen a nuestra disposición herramientas muy eficaces para mejorar la experiencia en la red de los usuarios, en lugar de ser un auténtico incordio cotidiano para ellos.

Estoy hablando de una estrategia digital que integre las acciones push, en formatos de publicidad no invasivos, con uno de los pilares de la actual comunicación de las marcas: el inbound marketing o marketing de atracción. Que no es otra cosa que el uso estratégico y combinado de SEO, redes sociales y contenidos para captar la atención de los internautas, engancharlos y mejorar la reputación online y la conversión de la marca. Llegar a diferentes perfiles de público con contenidos atractivos, en el canal adecuado y en el momento justo (dentro de su proceso de compra). Para intentar explicar qué es el inbound marketing, a mi me gusta el simil de utilizar las iniciales de la palabra:

  1. I: Innovación: nueva forma no invasiva de la publicidad, basada en atraer a tu target.
  2. N: Naturalidad: No se trata de lanzar un mensaje a tu P.O., sino de establecer una conversación con ellos.
  3. B: Branding: Busca reforzar tu Marca a través de contenidos de calidad.
  4. O: Oportunidad: El inbound marketing es una oportunidad en sí misma para incrementar el ROI.
  5. U: Universal: es una estrategia válida para todo tipo de targets, adaptando los contenidos a tu audiencia.
  6. N: Novedad: aportar contenido nuevo de calidad con constancia, para seducir a tu audiencia.
  7. D: Deslumbrar: Atrae, Seduce, Convierte y Deslumbra a tu audiencia. La mejor estrategia de marketing.

Existen muchas formas de hacerles llegar esos contenidos, y todas son interesantes. Desde contar historias que les entretengan o emocionen o proporcionarles información de interés que se puedan descargar hasta webinars, ebooks o tutoriales que les faciliten la vida… pero siempre con un fin común: que cada contenido les aporte valor, que les ayude a resolver problemas, que entienda y atienda sus necesidades. De esta forma los internautas estarán mucho más receptivos a lo que les contemos. A través de estos contenidos, y de la interacción con la marca, lo que conseguimos es que sean ellos quienes vengan a nosotros y nos quieran seguir; y, si continuamos conquistándoles, que nos quieran comprar y compartir.

mujer oliendo flores

Por explicarlo de una manera muy gráfica, la filosofía con nuestros clientes potenciales ha de ser la misma que cuando pensamos en la persona a la que queremos enamorar: tenemos que interesarnos por saber cómo es, qué le gusta, conseguir que se sienta única, escucharla, entenderla, seducirla… hasta lograr que se sienta atraída por nosotros. Poco a poco, sin agobiar, sin avasallar. A nadie le caen bien los pesados.

Y tú, ¿tienes ya una estrategia para enamorar a tus clientes?

 

Carlos de Ussía

Redactor creativo