Todos tenemos algún amigo o conocido así. Ése con el que quedas a tomar un café y da igual el tema que saques, que siempre acaba contándote la historia que a él le da la gana. Te responde de manera condescendiente a lo que le plantees para acabar invariablemente donde él quiere. No importa cómo de interesante o importante sea para ti el tema del que estés hablando, él se encargará de llevarlo a su territorio. “Yo, yo, yo”. Qué rabia da esa gente, ¿verdad?

En los últimos años noto algo así en la publicidad. Me fijo en las marcas y en lo que dicen y da la sensación de que entre todos estamos volviendo al pasado, a algo que teníamos mucho más que superado, que es la comunicación unidireccional. Por aquel entonces los publicitarios no tenían muchas más posibilidades, porque contaban con los medios y soportes con los que contaban. ¿Pero, no es posible que con los medios de ahora estemos perdiendo una gran oportunidad?

Se está rifando un unfollow…

“Yo he venido aquí a hablar de mi libro”. Ésta es la filosofía que parecen seguir muchas marcas en redes sociales. Yo personalmente lo veo a diario cuando consulto sus perfiles. Soy no sé quién, hago no sé qué a un precio no sé cuál. En sesión continua. Día y noche. Siete días a la semana. ¿A alguien le gusta ver esto cuando se mete en una red social? ¿Una página que te muestra de forma capicúa los argumentos más racionales del producto? A mí no me cabe en la cabeza. Si tu marca es de esas, cuidado: porque se está rifando un unfollow… ¡y tienes todas las papeletas!

Se incurre en el error de tomar cada comunicación como una única bala, como si sólo tuviéramos una oportunidad de impactar y, por tanto, hay una gran tendencia a recurrir a los mensajes de marca más básicos. Es como si olvidáramos que se trata de colarnos en los momentos lúdicos de la gente, que lo que busca en estas redes es entretenimiento y no comunicación comercial trasnochada. “¡COMPRA! ¡COMPRA! ¡COMPRA!” parecen decirnos.

Pero, amigos, las reglas del juego han cambiado.

El éxito en las redes no es magia. Hay que trabajárselo

Muchos ponen como ejemplo a marcas de refrescos o grandes compañías deportivas o de moda, y da la sensación de que creen que consiguen sus likes porque sí. Pura magia. Nada más lejos de la realidad.

La mayoría de los likes en Facebook (os invito a hacer la prueba) van dirigidos a publicaciones con buen contenido, buena producción audiovisual, imágenes impresionantes o promociones de valor añadido. Y sintiéndolo en el alma, con muy pocos followers es imposible conseguir millones de likes. Debemos huir de la idea de que nuestro contenido “sea viral” por arte de magia.

Con esto no quiero decir que necesariamente haya que hacer una inversión de cientos de miles de euros, ni mucho menos. Con campañas puntuales y bien segmentadas, podremos conseguir seguidores de calidad (muchos sólo buscan cantidad), y dirigirnos a ellos con mensajes que les resulten interesantes y a la vez permitan aumentar su simpatía hacia nosotros para que finalmente podamos, ahora sí, vender nuestro producto.

Todas estas marcas que alcanzan el éxito, tienen además otra cosa en común: sus campañas están orquestadas e implementadas por profesionales y siempre con una estrategia para sacar al consumidor de su refugio y atraerlo voluntariamente hacia tu marca.

Del egocentrismo a la clientología

Por tanto, como siempre, lo que debemos hacer es pensar en lo que interesa a los clientes y no al revés. Y ahora tenemos fórmulas mucho más sofisticadas para llegar a ellos que las que comentaba antes. Por eso es importante encontrar a los consumidores, hacer que se interesen por nosotros y conseguir que seamos su opción preferida porque les gusta lo que hacemos. No por agotamiento. En tres palabras: seducir – atraer – convertir.

La ventaja es que, si aún no lo estás haciendo, puedes empezar hoy mismo. ¡Verás que el resultado es espectacular y además es medible!

 

Carlos Ussía

Redactor creativo